Caracoles y huerta

Enrique Navarro, veterinario que lleva doce años trabajando con ellos, destacó que «tan solo uno 5 % de los caracoles que se consumen en España, provienen de granjas», por lo que el resto se deben importar –de granja, desde el resto de Europa; y silvestres, con controles sanitarios en la frontera, de Marruecos y Argelia–, ya que la venta de caracoles silvestres está prohibida por ley. Sin embargo, son las ventas clandestinas, que continúan, las que marcan los precios, lo provoca problemas de rentabilidad en muchas de las granjas. Producto estacional, ya que el caracol se vende desde mitad de mayo y hasta octubre, salvo agosto por el calor, Navarro recomendó a los hosteleros que respeten la ley y consuman los procedentes de granjas, que cuentan con todas las garantías sanitarias.

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